Oh, la Ciudad!

En una ciudad como Distrito la fauna citadina es tan variada y colorida como la longitud de onda de la luz visible. Por un lado tenemos a los locales, por los que el Distrito es conocido en todo el mundo: la gente de Tepito y del Centro. Con su característico acento tipo Adal Ramones, su forma de vestir inigualable y un gran gusto por el ruido, los lugares amontonados y las aglomeraciones.


Después tenemos a los primeros frutos de la temprana globalización: los darketos, punketos y rockeros. Tribus urbanas ya pasadas de moda, pero con gran aceptación en la población puberta en busca de identidad, que no conoce los significados de las palabras extinto y demasiado-ruidoso-y-negativo-mejor-cambia-de-enfoque.

A medida que la globalización maduró surgieron los Emos. Jóvenes entre los 11 y 17 años que nacieron en un mundo individualista, con poco contacto humano, poca felicidad y demasiado tiempo-libre-sin-padres-en-casa. No eligieron vivir en este mundo que para ellos es absurdo y sin sentido, por lo que se encuentran algo resentidos. Sus ataques maniaco-depresivos los llevan a apreciar la poesía y desdeñan la sexualidad como forma de protesta contra la sociedad actual. Son los primeros resultados de las familias ausentes. Ellos nacieron de una generación donde no hay división de roles. Las mujeres trabajan en las oficinas al igual que los hombres y los hombres, bueno, siguen pagando para que alguien limpie la casa. Sin esta división, los Emos asumieron que tampoco hay división de sexos. Las mujeres y los hombres son iguales, por lo tanto, deben vestirse iguales, peinarse iguales y comportarse iguales. Es la primera generación asexual del siglo XXI.

Al ser la capital, Distrito es la ciudad que concentra todos los bienes y servicios del país. Por lo que necesita de personas que los provean y de personas que los compren. Es por esto que Distrito es sumamente atractiva para aquellas personas que viven en el resto del país y que su ciudad, municipio o comunidad no les otorga estos bienes o servicios.

Todos los días miles de personas en busca de trabajo, atención médica y el sueño defeño llegan a las 4 mayores terminales de autobuses en la ciudad y a los dos aeropuertos del área metropolitana. Entre tantas personas nuevas entrando a la ciudad es difícil saber a quién le podrá ir bien en Distrito. La sobrepoblación es ya un problema. Es por eso que las rentas cada vez suben más y las habitaciones se reducen más y más. ¡Gracias provincia!

No hay suficientes empleos formales para dar trabajo a todos los nuevos inquilinos de la ciudad. Muchos de ellos terminan vendiendo productos en la calle, muchos otros tienen suerte como taxistas y muchos más se tienen que regresar a su lugar de origen después de una horrorosa pesadilla en la ciudad. Nunca pudieron conocer los encantos y las maravillas de vivir en Distrito.

Sin embargo, aquellos que son del centro de la república, de los estados que colindan con Distrito, los encantos de trabajar en la ciudad y la comodidad de vivir fuera de las aglomeraciones y tráfico son la opción perfecta para contar con todas las ventajas y rechazar las desventajas de la ciudad. Estas personas representan un tercio de la población económicamente activa del Distrito y un gran porcentaje de ellos forma parte de la comunidad LGBT. ¿Será que Distrito además de proveerles trabajo, les ofrece un espacio donde pueden ser libres en su sexualidad que su ciudad no lo hace?

La fauna LGBT es tan variada que hay que subclasificarla y necesita de un orden jerárquico para poder entenderse. Es increíble, pero a estas alturas del siglo XXI las castas siguen teniendo gran impacto en la sociedad mexicana. De mayor status a menor están los inalcanzables dioses Living, los mamones RP, las travestis y transexuales, los closeteros chicos Ibero-Anahuac-Tec-Opus, los osos, los abuelos, los back-to-the-90's Cabaretitos, las masculinas chicas busca-problemas Cabaretito Safari y por último los despreciables no-soy-gay actores y ejecutivos de Televisa y TV Azteca. Nadie se quiere meter con ellos.

En cuanto a la minoría heterosexual, los matices son menos coloridos. Por lo general son personas poco civilizadas con una primitiva adicción por ver un balón moverse en la televisión. Tienen una necesidad de sacar sus impulsos sexuales de manera agresiva, gritando, empujando y en ocasiones golpeando. Algunos tienen necesidad de afecto de otros hombres, pero por miedo a ser catalogados como personas del siglo XXI, la disfrazan con "luchas", nalgadas "amistosas" e insultos homofóbicos hacia sus compañeros y amigos. Su guardarropas exige un Fashion Emergency y vuelven a la Era de las Cavernas cuando hablan de chicas. No sé como las mujeres sobrellevan el hecho de que tendrán que vivir con un espécimen heterosexual como pareja por el resto de sus vidas.

Así, todos los días la Ciudad de México amanece entre los distintos grupos, ofreciendo un aire diferente cada día, personas nuevas que conocer y estilos de vida de los que huir. Todos son diferentes y está correcto. No hay problemas, no hay conflictos. La diversidad es la norma. Fresas y nacos, gays y bugas, extranjeros, provincianos y locales, darketos y emos, dioses y mortales. En Distrito hay un espacio para todos. Incluso para los políticos.