Amistades de tres

Érase una vez unas amigas de Guanajuato que para festejar el cumpleaños del novio de una de ellas, le regalaron un trío. La amiga, su novio y la otra amiga le pusieron en una fiesta, donde todos sabían acerca del regalo y hasta habían formado un comité de organización. Al parecer, los tríos ya es un MUST que todo joven tiene que hacer. Habían dejado atrás el blowjob de los noventa. En los dos mil, se necesitaba algo más atrevido. Cuando me enteré, decidí indagar para poder validar esta hipótesis.


En la noche, salí con unos amigos a hacer investigación de campo. Nos fuimos de antro en antro, de bar en bar analizando el comportamiento de los jóvenes. Acabamos en un estacionamiento donde chicos y chicas en sus diecitantos habían formado una especie de fiesta Rápido y Furioso región 4. Coches, alcohol y música. Todos reunidos entre un Holiday Inn y una bodega de productos de tubería. Había de todo, el grupo de los fresas, de los pimps, de las borrachas, de la banda... Pero no había nada sexoso. ¿Será a caso la edad? ¿Me habré equivocado de fiesta? Seguramente... Sin embargo ya no podíamos regresar a los demás clubes. Estaban todos llenos y los retenes se encontraban en cada esquina. Mi investigación fracasó y para colmo me di cuenta que ya no soy atractivo para la gente de diecitantos. Perdí mi encanto. Crecí.


Aún recuerdo mi primer trío. Duró un fin de semana completo de Viernes a Domingo. Había conocido a este chico Max a través de un amigo mío. Era su cumpleaños. ¿Habrá alguna relación entre los tríos y los cumpleaños? Bueno, toda la fiesta no dejó de observarme, al contrario de su novio que desviaba la miraba cada vez que nos cruzábamos. A los pocos días, Max me añadió al Facebook y empezamos a hacer conversación. Quedamos de salir un viernes por la noche. Fuimos a Sodome, él, su novio y yo. Un sauna de reciente inauguración en la periferia de Polanco. Allí conocimos al dueño, un señor en sus cuarenta y tantos, proveniente de Mérida. Se había mudado a Distrito después de haberse aburrido en la Hermana República Yucateca donde no hay muchas opciones para la comunidad Gay. Allí en Sodome, el paisaje era interesante. Chicos de todos los sabores y tamaños vestidos únicamente en toallas platicando, bebiendo, ligando. Gente bañándose en frente de ti, pantallas gigantes con hombres haciendo el amor. Un gran homenaje del siglo XXI a Sodoma y Gomorra.


Y Allí estaba el jacuzzi esperándonos. Máx, su novio y yo nos metimos, la pierna de su novio rozaba con la mía. Las sonrisas y las miradas de la gente en Sodome me hacían sentirme más vivo y con ganas de más. De repente sentí una mano acariciando mi cuerpo y sin darme cuenta la mía ya estaba acariciando una pierna. ¿De quién? No recuerdo. Habían 6 piernas en ese jacuzzi.


¿Por qué será que esta pareja necesita desesperadamente un tercero en cama? Habían planeado vivir su vida juntos para siempre. Pero en el momento de intimar, no podían solos. ¿Se aburrían? ¿No se gustarán sexualmente? ¿Estarán buscando desesperadamente a alguien más con quien poder cortar la relación?


Amanecí en el depa de la pareja. Me empecé a vestir para irme a mi casa, sin embargo una mano me jaló de nuevo a la cama y mi ropa se salió otra vez de mi cuerpo. Así pasó ese día, esa tarde, esa noche y hasta la mañana siguiente. Me sentía adicto. No podía dejarlos. A los pocos días empecé una relación formal con un chavo con el que había estado saliendo. La tentación era tan grande que tuve que poner distancia y les dejé de hablar por un tiempo. Al poco tiempo de haber cortado con mi ex, los volví a visitar.


Los frecuento muy poco, pero ya no voy a su departamento y no hemos tenido más encuentros íntimos. La verdad, no soy fan de sus cuerpos. No los trabajan, y eso para mi es más repulsivo que la fuerte atracción de ver como ellos dos cogen, como uno de ellos me coge, como yo me cojo a uno de ellos. ¿Volveré a hacer algo con ellos? Necesitarán mostrarme su ID de SportCity antes de pensarlo.

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